En el “hueco”, entre el noticiero de la mañana y el del mediodía, me fui a la peluquería. No me había cepillado el cabello durante 2 días. No por cochina, por si acaso.

Lo que pasa es que el martes tuve una sesión intensa de varios peinados. Mucha plancha, muchos rulos, mucha laca, muchos lacios. Una y otra vez. Así que no quería ni tocarme la cabeza. Pero ya muchos días.

Les cuento porque por las redes sociales me preguntan todo. Oye, qué frívola es la televisión. ¿O serán los televidentes? Quieren saberlo todo. ¿Por qué te pones ese saco? Porque tengo frío. ¿Por qué usas el pelo recogido? Por qué no pude ir a la peluquería. ¿Por qué estás con los ojos hinchados? Porque trabajé hasta tarde o porque el aire me irrita los ojos o porque lloré, no sé.

Pero bueno, finalmente estoy frente a una pantalla. Y estoy expuesta y asumo ese costo. Todas las mañanas me meto a su cuarto, a su cocina, a su sala. Así que es como un trueque, a mí me dejen entrar a sus casas y yo les cuento cómo son algunas cositas de la tele. ¿Qué tal?