Almorzábamos cuatro mujeres de diferentes edades y un hombre. Todo iba bien hasta que empezamos a hablar de las relaciones de pareja. Él contó que tenía varias amigas solteras y eso le apenaba. Yo levanté la ceja.

Decía que eran «buenas chicas» y estaban solas. Le pregunté qué entendía por «buenas chicas» y me dijo: «Tranquilas, de su casa, de buenos sentimientos». Para él cualidades indispensables que los hombres buscan en las mujeres. Yo casi me desmayo, no solo por su listado de generalidades tontas sino porque creo que ni mi abuelita piensa así.

Según este cuarentón que parece saber de estadística, como hay más mujeres que hombres en el mundo, no todas conseguiremos uno. Y por eso, decía, la mujer que encuentra un hombre, debe saber cuidarlo porque es como hallar una aguja en un pajar. Y no, no estaba bromeando. Lo increíble es que en la mesa estaba su enamorada. ¿Pueden creer? Además de una viuda, una separada y yo, una divorciada. Todas familiares de su chica. Lo insulté en silencio.

«A ver –le dije con sonrisa burlona- desarrolla tu hipótesis». Y fue peor. Su razonamiento era tan sencillo como que si tenemos 5 manzanas y 10 comensales, es obvio que varias se quedarán sin comer manzana. Polemizamos por unos momentos hasta que llegó la comida. Su enamorada, ahora su ex, estaba un poco incómoda y preferí cambiar de conversación.

Lo que dejé de decirle es que su inteligente deducción es fácil de desbaratar. Me explico: Si este sujeto fuera el único hombre sobre la Tierra y yo la única mujer, o sea, si fuéramos Adán y Eva en el Paraíso, la Biblia tendría otro Génesis porque jamás hubiera estado con él. Estoy segura que me hubiera ido con el león, el mono o la misma serpiente.

El protagonista de esta historia es un típico habitante de «Macholandia». Un supuesto hombre moderno, que respeta a las mujeres. Que aparentemente está de acuerdo con que las mujeres se desarrollen pero en el fondo preferiría tener a su esposa «tranquila» en casa. Como ese, hay miles. Una encuesta realizada por el Proyecto Ciudadanas X, muestra que el 55% de los limeños dice que vivimos en una sociedad machista pero solo el 3% se reconoce como machista. Bien dicen que los capitalinos somos hipócritas.

Etiquetarnos con eso de «buenas chicas» o «chicas malas» es tan trillado. Las relaciones de pareja son absolutamente subjetivas. Lo que para ti es bueno o positivo en un hombre o mujer, para otros no. Lo que para ti es lo más destacado en tu pareja para otros podría resultar insoportable. Por ejemplo, tengo amigas que les encanta los hombres que hablan poco. Aquellos que dicen lo indispensable, que solo te miran. A ellas, eso les parece súper atractivo. «Es un hombre misterioso», dicen suspirando. Yo con un marido así me volvería loca.

Las relaciones entre personas son más que una estadística. Pensar que dos chicas y dos chicos terminarán siempre emparejados es básico y primario. Y qué dirán los hombres y mujeres gays.

Un dato para terminar, la «muchacha buena» con la que estaba en aquel almuerzo, ahora tiene una nueva pareja y él sigue solo. Qué pena, parece que se acabaron las manzanas.