Es sábado por la noche y me pregunto cuántas mujeres estarán cantando, a gritos, «soy soltera y hago lo que quiero». Más pegajosa la canción, peor que chicle en el pelo. Imposible no moverse a la primera tonadita. Tan, tan, tarantan, tan, tan, tarantan. De inmediato aprietas los labios y te llevas la mano haciendo la V, de Verónica (je). ¿O no? No importa si estás con enamorado, casada o en busca de un galán. Igual la cantas.

Alguien me cuenta que la escuchó de fondo musical en un matrimonio cuando la novia estaba por arrojar el bouquet. Me hace gracia y me parece increíble. Se supone que ese es el momento en el que las solteras quieren dejar de serlo y esperan, con ansias, que les caiga el ramo. El ritual siempre me ha parecido un poco incómodo porque si estás con enamorado, ¿qué significa que estés ahí parada? «Por favor cásate conmigo». Si ya lo hablaron y tienen fecha, ¿para qué te unes? ¿Para que no se olvide? Y si llevaste a un «amigo», ¿qué significa? «¿oye, estamos en algo?» ¿Qué pasa si fuiste sola? ¿Que quieres que se te haga el milagro? A esto súmale el fondo musical de «Soy soltera y hago lo que quiero, con voz de gatita». De locos, ¿no? Así somos las mujeres.

La canción no solo causa polémica en torno a la autora e intérprete sino también en cuanto al significado. Creo que han aparecido hasta explicaciones semióticas del asunto. He visto en Facebook a mujeres indignadas diciendo que nosotras siempre debemos hacer lo queramos, solteras o no. Las casadas han salido a defender su estado civil y aseguran que eso no les impide hacer lo quieran con sus vidas, como formar una familia.

Lo cierto es que la canción insinúa otra cosa, no nos hagamos locas. No se trata de trabajar, ser madre y mujer a la vez. Se trata de juerguear, de vivir la vida loca. De salir con alguien sin compromiso. Parece el himno de las nuevas mujeres del milenio, ¿no? Pues no: la canción demuestra que hasta la más vengadora hace girar su vida en torno a un hombre.

Alguna vez la creadora de la canción explicó con sonrisa pícara que el despecho la había inspirado. Me dio rabia escucharlo. Confirmé que muchas viven aún solo pensando en ellos. En una sociedad donde los solteros son los héroes pendejeretes y las mujeres unas solteronas perdedoras, había creído que la canción era como una sacada de lengua a los hombres. Una forma de decir y celebrar que nosotras también podemos.

Sé que detrás de la historia hay asuntos más complejos como unos hijos, que para variar, pagan los platos rotos de los padres. Pero esta arista del tema busca reivindicar a la mujer de una vez por todas. Podemos hacer nuestras vidas al margen de ellos, claro que sí. Si te mintió, te saco la vuelta, te utilizó o te faltó el respeto, no te merece. Amor propio, ¡por favor! Que esa sea la canción de este verano, grítalo a los cuatro vientos.