No me alcanzaría esta columna para contar las veces que me he han insultado, públicamente y en privado. Seiscientas palabras no serían suficientes para describir las circunstancias en las que me han dicho inepta, bruta, buena para nada, dedícate a ser ama de casa, poco preparada, sal de la televisión, etc. Pero ya ven, aquí sigo.





Incluso sé de colegas y en algunos casos, compañeros de trabajo, que han dicho que soy conductora de noticias porque me he acostado con las personas indicadas. Otros me han quitado el habla y me han hecho desplantes delante de terceros. Lo anecdótico, si cabe el término, es que a veces ni recuerdo la supuesta causa de nuestro distanciamiento. Debe ser algo sin importancia. La televisión está llena de malos entendidos.


Eso sí, frente a cámaras no pasa nada. Puedo tener muchos defectos pero cuido mi trabajo. Creo que los televidentes prenden su televisor y ven el noticiero para estar informados. No para enterarse de los problemas internos. Para ese tipo de show hay otras alternativas de en entretenimiento.

Estoy convencida que en la política, así como en la pantalla suceden situaciones similares: los celos y la vanidad mueven mucho de lo que vemos. En ambos casos se busca la aprobación: ya sea la de los electores o la de los televidentes.


Cuando un político dice que no le importan las encuestas, miente. ¿Han escuchado cuando alguien de la tele dice que no le importa el rating? Bueno, tampoco dice la verdad. El rating es un dictador que te pone los pies sobre la tierra o te eleva por los aires. Todos los días. No sé cómo será en el caso de la venta de periódicos o el ranking de la radio pero en televisión no importa si eres un periodista intelectual analizando la coyuntura o una vedette contando tu verdad. Un mal resultado en cifras te puede arruinar la semana. No todos están preparados para el rechazo y menos aún en público, como sucede en la política y la televisión. Algunos productores y asesores creen que lo mejor es mentirle a personaje para que en una próxima oportunidad se sienta seguro de sí mismo.


“El problema del bajo rating es porque nuestro público es errático”. “Es la campaña sucia por eso no subimos en las encuestas”. “Los invitados al programa fueron malos por eso no nos vieron”. “Los medios de comunicación están comprados por eso la gente no quiere votar por ti”.


Creo que a la política solo entran los románticos o los corruptos. ¿Qué otras motivaciones como el compromiso con tus ideales y el dinero convencerían al ser humano a someterse, una y otra vez, a insultos como los que vemos en las contiendas electorales? Por eso yo no podría ser política.

Sin embargo me considero una apasionada de mi profesión y pase lo que pase solo quiero vivir el resto de mi vida de lo que tanto me gusta: el periodismo. No me importaría estrecharle la mano a quien dice que no hago nada. O de reunirme con quien antes me dio la espalda, si se trata de cumplir con mi trabajo. trabajo.


Como estuve de vacaciones, no pude ver con detalle las malcriadas formas del alcalde electo de Lima contra la actual alcaldesa luego del primer debate. Se nota claramente que no le dio la gana despedirse de ella. Es tan obvio, tan agresivo. Incluso un asesor del político se interpone entre ambos como rescatándolo de la escena. Supongo que con la intención de decir no la hbaía visto. Queda peor. ¡Qué vergüenza!.


¿Saben qué hubiera sido extraordinario? Ver la cara de él al recibir la visita de ella, el mismo día de las elecciones, delante de las cámaras. Pero no fue así: ella prefirió mandar unos tuits y días después enviarle a su adversario una carta dejando la pelota en su cancha.


Atreverse a hacer bien tu trabajo tu trabajo no solo es hacer cosas que sabes que tus amigos aplaudirán, sino aceptar realizar gestos que no te gustan y hasta te incomodan. Los ideales políticos bien lo valen ¿no? También en la tele el que se pica, pierde.