La semana pasada he vivido los momentos más dolorosos de mi vida. El domingo 1 de junio a las nueve y cincuenta de la mañana, la niñera entró apurada al cuarto con Fabio en brazos: “Señora, el bebe está con fiebre”. Mientras se acercaba, vi a mi hijo con la mirada fija en el techo. Lo cargué, su cuerpo hervía. No se movía estaba tieso, como agarrotado. De su boca salía un leve sonido. Daba la impresión que su campanilla estuviera atracada en la garganta, impidiendo que respirara. ¡Fabio!, dije en voz alta una y otra vez pero no reaccionaba. Sinceramente pensé que estaba agonizando.

Con una mano llamaba al pediatra y con la otra le daba Panadol para la fiebre. Qué ilusa, no tenía ni idea de lo que estaba pasando. Alfredo terminó de cambiarse y salimos, literalmente, volando a emergencia. Yo estaba en pijama, con botas y sin sostén. El pediatra no contestaba. En el camino, del puente primavera a la clínica angloamericana, llamé a otro amigo pediatra. Contestó, lo puse en alta voz. Le explicamos el cuadro y dijo: Tranquilos, Fabio está convulsionando y pronto va a pasar. Pero no pasó. Quedamos en encontrarnos en la clínica. A la altura de la vía expresa en Surquillo, Fabio comenzó a temblar y le salía espuma por la boca como si estuviera sufriendo un ataque de epilepsia. Empezamos a rezar.

Llegamos a emergencia, lo metieron a una sala. Le pusieran Diasepan y no dejaba de convulsionar. Tuvieron que ponerle otro medicamento más fuerte. Lo estabilizaron.

Mi bebé de 1 año y 1 mes de nacido había convulsionado durante casi 30 minutos. Definitivamente no se trataba de una fiebre alta cualquiera.

Le sacaron sangre. No salía nada. Tomografía, nada. Los doctores dijeron entonces que lo más seguro es que a mi hijo se le había metido algún virus. ¿Llegó al cerebro? ¿Está dañado? ¿Va a despertar? ¿Cómo va a quedar mi hijito? Pensaba lo peor.

Lo trasladaron a la clínica San Felipe, lo recibieron en emergencia y luego lo llevaron a UCI. Antes de entrar, Fabio abrió los ojos, me miró y preguntó: ¿Mamá? Despertó a las tres de la tarde.

Había que descartar meningitis, herpes 1 y herpes 2. Le sacaron líquido raquídeo de la médula espinal para eso le hicieron una punción lumbar. Los resultados salieron 72 horas que fueron interminables. Salió negativo. El miércoles salió de UCI a cuidados intermedios, el jueves en la tarde a cuarto y el fin de semana regresamos casa.

Hoy tengo las fuerzas para escribir esto porque Fabio se está recuperando. El electroencefalograma salió bien y en la resonancia apareció una cicatriz de medio centímetro que no dejará secuelas.

La neuróloga está casi segura que Fabio sufrió una infección por el virus Herpes 6, el cuadro se llama exantema súbito. Los resultados saldrán en 7 días hábiles.

Si efectivamente se tratara de ese maldito bicho, igual no hay antiviral que lo extermine. Así que solo hay que esperar a que mi bebé lo expulse solito y hasta ahora lo está haciendo muy bien. Ya no tiene fiebre y solo convulsionó esa vez. Ahora lo veo jugar conmigo, hacer bromas y pareciera que nunca tuvo nada. Gracias a Dios

Cuando tenga los resultados les contaré a ver qué podemos aprender de ese ese Virus Herpres 6. Disculpen a los amigos y familiares que recién se enteran de lo que pasó. No tenía ganas de nada y el celular solo lo usaba para llamar a los doctores. Gracias a América Televisión y a VIÚ por comprender que no tenía cabeza para otra cosa que cuidar a mi Fabio.