A propósito de la última encuesta de PODER en el Perú, quería contarles una anécdota que tuve con los dos personajes que, a decir de los resultados publicados, el Presidente Ollanta Humala debería dejar de escuchar. Obviamente eso nunca va a suceder, por lo menos no hasta el 2016.


Era un jueves de Marzo del 2011, yo había viajado a Arequipa para la trasmisión especial por las elecciones Presidenciales, Congresales y Regionales. Fui un día antes de lo previsto persiguiendo a Ollanta Humala a su cierre de campaña. Mi jefe me había encargado coordinar una entrevista con el candidato, en vivo, para el viernes en la mañana. La cosa estaba difícil porque normalmente luego del último mitin no hablan hasta el domingo, pero había que hacer el intento. Logré entrar al hotel donde se hospedaba, uno lindo que queda en la ribera del río Chili. Ya había hablado, infructuosamente, con una asesora de prensa. Tenía que vérmelas sola.

Conocía bien el hotel, es como una casa de campo. Me puse arriba del restaurante, en un balcón, sabía que el candidato estaba comiendo solo. Lo vi salir. Agarró un caminito que hay al lado derecho de la casona principal, cerca al río. Yo me abrí por el izquierdo. Lo intercepté antes de que entrara a su cuarto, y justo cuando tenía la mano en la manija de la puerta lo llame en voz alta “Comandante”. Para pasarle la franela, según yo.

Le pedí una entrevista en vivo para Primera Edición, le propuse hacerlo en el hotel o en el aeropuerto. Yo instalo todo, he venido desde Lima sólo para eso. Por favor. No paraba de hablar. Ollanta sonreía, fue amable conmigo. Pensé que ya la había hecho hasta que salió Nadine Heredia. Ya no va a hablar, se disculpó. Traté de convencerlos, no sabía si mirarlo a él o a ella. En ese entonces, se decía mucho sobre Nadine pero no tanto como ahora.

Ollanta tenía encima las críticas por su plan de gobierno llamado “La Gran Transformación” sobre todo el punto que explicaba el rol de los medios de comunicación. Les conviene, para alejar fantasmas, les dije y estampé mi linda sonrisa. Conversamos unos minutos. Vamos a ver, me dijo la señora Humala y se metieron al cuarto.

En la noche fui al mitin. Las cosas estaban movidas, como en toda la campaña. El pueblo arequipeño lo apoyaba incondicionalmente. Felizmente que mi familia paterna es de allá y me tienen cariño porque la gente estaba belicosa. Para variar decían que “todos” los medios estaban en contra de Ollanta. Tonteras. ¡Qué hacía entonces allá! Siempre meten a todos en un mismo saco.

Humala llenó una de las avenidas más importantes. Terminó de hablar entre aplausos y subió a su camioneta. Nadine a otra. Yo subí a la de ella, con un manchón de gente. Lo hice por instinto, pensé que me ayudaría a persuadirlo. Habíamos hablado por twitter e intercambiado uno que otro mensaje. Además, somos casi de la misma edad, casi nomás.

Retrocedan en el tiempo. Se trataba de un exmilitar que había cambiado de polo y siempre estaba acompañado de su carismática esposa, ejemplo de familia. Nada más ¿Recuerdan? Nada de semáforos, ni diminutivos, era OLLANTA HUMALA.

Bueno, en el camino, mientras me congelaba con el aire de Arequipa en la tolva llamé a la asesora, ella estaba sentada al costado de Heredia. Ninguna sabía que yo las miraba. Le pedí, una vez más, que me ayudara a entrevistar al candidato. Miró a Nadine y le comentó algo. Entonces me dijo que recién estaban saliendo del mitin y que habláramos luego. Ya sé, le respondí, estoy atrás. Las dos voltearon. Ja,ja,ja,ja. La escena fue buenaza, parecía sacada de una sitcom. Se imaginan sus caras mirándome a través de la ventana y yo colgada de un fierro en la tolva, con cara de “Yuju, hola!!!!!”

Llegamos, baje corriendo y me pegue a Nadine, como chicle. Creo que le di pena o risa o algo, la cosa es que aceptó. Quedamos en que instalaba los equipos de microonadas en el aeropuerto de Arequipa y que antes de que el candidato abordara el avión lo entrevistaba, unos minutos. Suficiente.

Se fue a su cuarto, le agradecí. Le consulte a la asesora a qué hora llegaba Ollanta porque quería confirmar la entrevista con el entrevistado. Me dijo que no era necesario, que si ella había dicho que sí, estaba bien. No le creí. ¡Alucinaaaaa! Ja. Es que, repito, en ese momento las cosas no era tan claras como ahora.

Lo esperé, llegó y lo abordé. ¡Otra vez tú!, exclamó sonriente. Me animé a hacerle una broma. Sr Humala, mañana lo voy a entrevistar en el aeropuerto, ya hablé con la Jefa. Silencio. Uy. Su cara se transformó. Esa sí fue la Gran Transformación. Dejó de caminar y mirándome fijamente, dijo: “¡Es que yo soy como un repartidor de pizzas, tú me dices a dónde te llevo la pizza y yo voy!”. Lo dijo como riendo pero molesto, ¿me entienden? Juro que esa fue la frase, me acuerdo clarito.

Tratando de arreglar las cosas, le dije que tenía entendido que su esposa se encargaba de coordinar esos temas. Se fue. Entonces, un señor mayor se me acercó y me habló bajito. No debiste decirle eso. Yo lo miré con mis cejitas levantaditas. No te preocupes, sí te va a dar la entrevista. Ya te dijo que sí. Tranquila. Buena gente el tío. Era muy cercano a Ollanta, paraban juntos. Se notaba que tenían una relación estrecha. No así con Nadine Heredia. Era como de otra mancha.

Así me fui a mi hotel.

Al día siguiente el equipo de microondas, mi camarógrafo y yo, estuvimos temprano en el aeropuerto de Arequipa esperando a Ollanta. Desde Lima mi jefe me llamaba a cada rato. El programa estaba a punto de terminar. El candidato nada. De pronto, de un taxi volswagen destartalado sale el señor éste, con un portafolio en la mano. Me acerqué y anunció que Ollanta estaba por llegar. Así fue, luego de unos minutos llegó la comitiva.

Apareció Ollanta. Lo entrevisté en vivo. Los 5 últimos minutos del programa. Al aire, me dijo otra frase que no olvido. “No te preocupes Verónica, no te vas a quedar sin trabajo, si pasa eso será por tus jefes y no por mi gobierno”. Se fueron. Nadine me sonrió mientras entraban a un área especial del aeropuerto previo al embarque. Le agradecí por Twitter.

Ollanta pasó con Keiko la segunda vuelta. Y empezó esa guerra asquerosa, cada vez que hay solo 2 candidatos en contienda.Recuerdo que por correos electrónicos un “X” decía que había visto a Humala maltratar a unos trabajadores de LAN en Arequipa, al cerrar la primera vuelta. Yo lo desmentí por Twitter, yo estuve ahí. A los pocos días, un diario publicó en su portada la foto del señor buena gente de Arequipa, el del volswagen viejo. Era nada menos que Adrián Villafuerte.

Ahora se especula que Villafuerte trabaja con Nadine. No sé, lo dudo. Cuando los vi en acción parecía que jugaban en equipos distintos y el único nexo entre ellos era Ollanta. Por eso me encantaba reportear, lo ves todo…extraño la calle.

Bueno, a lo que iba, se sabe que siempre hay pugnas entorno a un Presidente por ser el que más influye en él, eso da poder. En este caso, la esposa debería tener todas las de ganar pero la lealtad entre hombres es brava, más aún cuando estos han sido formados en los cuarteles. Además no siempre es fácil “trabajar” con tu pareja. Creo incluso que hasta en algún momento se pelaron y por eso Nadine dijo que no postulaba en el 2016 y se alejó de la prensa. Qué habrá pasado, hay tantas hipótesis. Lo cierto es que la Primera Dama ha vuelto a la carga pero no estoy segura que con el mismo peso de antes. Para la opinión pública sí pero no al interior de palacio. Creo que ahora la voz de ella es menos escuchada. Es más, si quisiera una exclusiva con el Presiente, ya la no la buscaría a ella.