Tal vez ella ni lo recuerde. Quizá logré que no se diera cuenta. Han pasado muchos años, y solo por eso me atrevo a contarlo. Yo era reportera de Buenos Días Perú, me encargaba de los informes especiales y enlaces en vivo. Eran finales del 2000 o inicios del 2001.


Karen Dejo se abría campo en el mundo artístico. Era parte del elenco de baile de “La Movida de Jeanet”. No era una más del montón, así que no llamaba la atención que los medios de comunicación se interesaran en hacerle una nota a esta bella jovencita, de color canela.

A las 7 y 30 am la producción me mandó a una peluquería en San Isidro. No recuerdo exactamente para qué. Creo que íbamos a promocionar un desfile o algún tratamiento nuevo de belleza. Lo cierto es que convocamos a varias modelos. La idea era que durante esas “microondas” la cámara se paseara por bellos rostros y cuerpos, mientras alguien nos contaba algo. Y en el estudio Federico comentaba. Sencillo.


A mi jefe de ese entonces, se le había ocurrido que entre las guapas chicas estuviera Karen Dejo. Y no se equivocó, después de 12 años, Karen sigue siendo un gancho mediático.

Cuando llegué con mi camarógrafo, vi los equipos instalados. Karen estaba a un costado arreglándose para salir al aire. La saludé. La coordinadora de microondas se me acercó, y un poco contrariada, me dijo: “Oye, la tía dice que Karen no va” y yo: “¿Cómo que no va?”


Me acerqué a conversar con la dueña del lugar. Al principio intentó ser respetuosa. Me pidió que Karen sólo salga de “costadito”. Que la cámara pasara «rapidito» por su lado. ¿? Ya se imaginarán mi cara. Yo, solo decía que no la entendía. Que al contrario, se trataba de un personaje que estaba creciendo, y que mas bien eso le convenía.

Me dijo que no quería que Karen Dejo se atendiera en su peluquería, y menos aún, que eso se viera por televisión. “¿Por qué no?”, pregunté. Y ahí, si fue clarita. Muy malcriada, con lisuras y casi a gritos, hizo referencia a los rasgos poco caucásicos de Karen Dejo, y que por eso, no la quería en su peluquería.

Pobre estúpida.

Llamé a mi jefe a contarle que nos íbamos del lugar sin hacer nada, obvio. Él, igual de indignado que yo, me dijo que le diera una última oportunidad a esa señora. Que le explicara que estábamos ahí básicamente por Karen. Que sin ella, no había nada. Respiré. Hablé, y salimos en vivo.


Espero que Karen, si lee este post, entiende que la coyuntura amerita contarlo. Espero también que con la madurez de hoy, no se sienta afectada. Además debo confesar, que yo misma me sentí discriminada. De una lado veía a la empresaria, hablando tonterías. Del otro a Karen, arreglándose. Yo, en medio. Y salvando diferencias, me parezco mas a Karen, que a esa señora.

El nombre de la dueña en cuestión, no me acuerdo. El nombre de su peluquería, tampoco. Ya no existe. Y Karen Dejo, para beneplácito de sus fans, sigue más vigente que nunca.