Gracias a Cecilia Blume por confiar en mi. Por hablar de algo tan privado, tan suyo, tan incómodo para las mujeres como es el peso. Gracias, por esas las lágrimas contenidas al abrir su corazón narrando lo difícil que era mirarse al espejo, todos los días, y ver que las dietas que hacía no servían de nada. ¡Valiente testimonio!