Estoy indignada con el caso de este maestro ejemplo. Miguel Ángel Zevallos postuló a una plaza en Satipo. La escuela se ubicada en una zona de difícil acceso a la que pocos aceptarían ir. Este profesor de vocación no solo cumplía con su labor. Compraba víveres para sus alumnos y los trasladaba hasta su comunidad. En uno de estos viajes -obviamente por río- resbaló de la embarcación y la corriente se lo llevó. ¡Nadie lo está buscando!

Su hermana en Lima fue al Ministerio de Educación a pedir ayuda. La derivaron a la sección de «Orientación» y dos sujetos estúpidos le dijeron que no podían hacer nada porque era personal contratado y no nombrado. Además que “su hermano sabía a dónde se había metido”

¡Qué falta de humanidad! Miguel Ángel no solo tiene derecho a ser atendido por su Institución sino que debería tener ser homenajeado. Necesitamos más peruanos como este maestro.